El otro día conocí a un nutricionista al que le puse los pelos de punta. Yo le contaba que hace unos 9 meses había comenzado con sofocos y otros síntomas asociados a la menopausia y que empecé a “atacar” por todos los bandos. Primero acudiendo a mi querida ginecóloga Olga García, que me recetó un par de medicamentos homeopáticos. Ese fue el primer electro shock que sufrió este profesional. Me dijo enfadado, y eso que nos acabábamos de conocer, que cómo podía estar dando dinero a unos estafadores. Le conté que a mí me estaba funcionando. Siguió diciendo que también me funcionaría llevar una pata de conejo en el bolso, que la homeopatía era solo un placebo ¡Pues bendito placebo! Prefiero tomarme esas bolitas inocuas, antes que la terapia de reemplazo hormonal que implica algunos riesgos nada desdeñables, como que puede aumentar el riesgo de cáncer de pecho, enfermedades cardíacas y derrame cerebral.
Después le dije que también había tenido un par de sesiones de Terapia Neural, – y ¿eso que es? ¿Esoterismo? Preguntó alarmado. – Si, si majo, para ti esoterismo… no me extiendo en ello, en este video 40 médicos te lo cuentan mejor que yo, pero básicamente consiste en equilibrar el sistema nervioso mediante inyecciones de procaína en puntos específicos del cuerpo. Que tomaba un suplemento de aceite de cáñamo, lino y onagra, también el CN Base, mi multinutriente de cabecera, que usaba una crema corporal con Yam y que por supuesto seguía con mis hábitos alimenticios, mis rutinas de ejercicios, yoga y meditación.
Con los ojos salidos de sus órbitas, me preguntó si tomaba leche. Pues no my darling, hace 10 años que no tomo. Defensor acérrimo de los lácteos me espetó a tomar dos vasos de leche por la mañana, que era fundamental para el calcio. Hace un año me hice una densitometría y la ginecóloga (médico convencional) que tenía entonces, me felicitó por los huesos tan sanos que tenía. Como esporádicamente algún queso o mantequilla , eso si, ecológicos y preferiblemente de oveja o cabra pero no me gusta la leche (leches!) y no creo que vuelva a tomarla. Es cierto que el embarazo, la lactancia y la menopausia son etapas de la mujer en las que se ven incrementadas sus necesidades de calcio a 1.200 o 1.400 mg al día. Pero hay muchos otros alimentos no lácteos que contienen altas cantidades de calcio como las sardinas en aceite (400 mg en 100g ), las almendras (252 mg en 100 g), los berros (180 mg en 100 g) o las semillas de CHÍA (631 mg en 100 g) entre otros.
En fin, que este hombre estaba indignado por todas las tonterías que hago, esas cosas que no tienen evidencia científica pero que me han quitado los sofocos, el insomnio y la tristeza.
Lo que estoy haciendo me está funcionando a mí, pero quizás a ti no. No hay fórmulas exactas, ni verdades absolutas.
¿No te parece que en la búsqueda de sentirse bien, cada uno es libre de elegir su camino?
